Energía sexual y piso pélvico

Hallazgos científicos recientes revelan nuevas zonas erógenas y las consecuencias de su activación en nuestro cerebro. Pero algunas filosofías antiguas ya conocían estos hechos y en especial el Tao, una filosofía de vida china cuyos principios fueron recopilados en el libro “El Tao Te Ching”, escrito por Lao Tse hace 2500 años.

Desde entonces, manuales y maestros enseñan cómo seguir «el camino» en áreas múltiples como la alimentación, la medicina, los ejercicios físicos y la sexualidad.

El «Tao del amor», la disciplina sexual, es considerada una rama de la medicina, ya que los taoístas estiman que la relación sexual es necesaria para la salud mental y física de los seres humanos, y fundamental para su bienestar. En la antigüedad, hasta se prescribían posiciones sexuales en función de la dolencia de un paciente.

El principio de base del Tao es que toda vida nace de una misma energía. En los seres humanos, la energía principal, «CHING» se produce por los órganos sexuales: ovarios para la mujer y testículos para el hombre. Es energía creativa porque creamos vida nueva teniendo sexo. Pero en la tradición taoísta, más allá de su función procreativa, la relación sexual sirve para regenerar nuestros órganos, potenciar nuestro cerebro y llegar a la realización espiritual.

De hecho, durante la relación sexual la energía creativa CHING se transforma en fuerza vital CHI o QI para luego volverse en energía espiritual SHEN. Siempre y cuando, claro, se apliquen los fundamentos básicos: el reconocimiento de la fuente de esta energía, su activación y su canalización para su mejor provecho.

Los maestros alertan sobre el desgaste (la eyaculación para el hombre, la ovulación y subsecuente menstruación para la mujer) y el estancamiento de la energía sexual (consecuencia de relaciones insatisfactorias). Según el Tao, el coito no es una mera descarga de energía, sino un momento de alquimia entre la energía femenina y la masculina.

La energía está formada por dos principios complementarios: el yin y el yang. Su equilibrio, dentro de cada individuo, es garante de una buena salud, una vida larga, plenitud y, por ende, de armonía en el mundo.

La relación sexual permite el intercambio y balanceo entre los principios yin y yang.

ENERGIA YIN: lo femenino está asociado al yin, que a su vez representa la calma, la serenidad, la robustez, la tierra y el agua entre otros parámetros.

ENERGIA YANG: lo masculino está asociado al yang, y representa cualidades activas, volatilidad, calor, el cielo y su elemento es el fuego.

Básicamente, el fuego es veloz en prenderse, el agua tarda más en hervir pero puede quedarse más tiempo en ese estado. Lo que explica que los orgasmos femeninos y masculinos sean distintos. El Taoista considera la mujer superior al hombre sexualmente porque El agua apaga el fuego. (Jolan Chang, El tao del Amor).

Basados en una observación detallada del cuerpo, desde adentro, los maestros tomaron consciencia de dónde surge la energía, y cómo hacerla circular para que beneficie a todo el cuerpo. En nuestro organismo tenemos una red de autopistas energéticas, los meridianos, que siguen el recorrido del sistema circulatorio, nervioso, linfático y muscular y transitan por las glándulas endócrinas. A lo largo de estos meridianos encontramos “bombas” que permiten dirigir la energía : en especial la bomba sacral (hiato sacral) y la bomba craneal (base de la nuca).

En la sexualidad, las prácticas claves para fomentar y dirigir la energía sexual son la respiración ovárica y la aspiración del orgasmo, las cuales dependen de la activación del músculo pubococcígeo, llamado músculo del amor o músculo CHI, y del músculo puborrectal, que constituyen el plano profundo de la pelvis.

En las prácticas sexuales taoístas es imprescindible que ambos estén tanto tonificados como relajados, y con buena salud.

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