Orgasmo(s) y piso pélvico

A la hora de hablar de orgasmo, generalmente son aceptados dos tipos: el clitoridiano y el vaginal (un tercer tipo consiste en un orgasmo mixto), sin necesariamente dar una distinción cualitativa o fisiológica entre ellos.

Etimológicamente el orgasmo es una «ebullición de placer». Se define como una descarga de la tensión sexual y se expresa con contracciones espontáneas que surgen al nivel de la vulva y del cuello del útero. Estas contracciones vaginales y uterinas tienen la función evolutiva de chupar el esperma hacia el útero y la función placentera de pulsar las olas de placer a través del cuerpo.

Según los científicos, el orgasmo desencadena la producción de hormonas: la prolactina, la oxitocina  y las endorfinas. Estas son responsables de la sensación de bienestar que sigue al orgasmo y las mismas pueden permanecer varios días dentro del organismo.

A las endorfinas se las llama  “hormonas de la felicidad”, porque son las que nos permiten disfrutar de la vida, experimentar alegría y superar los reveses de la cotidianeidad con mayor rapidez y facilidad. A la oxitocina se la llama “hormona del amor”, por su rol en nuestra capacidad de generar o mantener vínculos afectuosos, confianza y generosidad. El estiramiento del cuello del útero durante el parto también desencadena la producción de oxitocina, los científicos explican que su función es la de reforzar el vínculo entre la mamá y el bebé.

El orgasmo, entonces, afecta nuestro cerebro en cuanto a su capacidad de sentir una felicidad y un amor más profundo..

Con sus ocho mil terminaciones nerviosas, el clítoris roba toda la atención a la hora de generar placer, pero es la parte superficial del iceberg orgásmico. Hallazgos científicos recientes descubrieron que el clítoris no es únicamente ese botoncito ubicado en la punta de los labios superiores, sino que eso constituye solamente la parte exterior (el glande) de un órgano que se extiende en el interior en un cuerpo cavernoso, que rodea el tercio inferior de la vagina. El punto G es, entonces, la parte interior del clítoris.

Este punto es mas bien una zona que se sitúa en la cara anterior de la vagina, a unos 2/3 centímetros de su abertura, y aflora únicamente cuando la mujer está excitada, (lo que explica por qué no aparece al realizarse una autopsia, hecho que permite a algunos científicos negar su existencia).

Las zonas erógenas de los genitales femeninos son tres: el clítoris, el punto G (y paredes vaginales) y el cérvix. Cada mujer tiene su propio esquema de ramificaciones (algunas tienen más terminaciones nerviosas en el clítoris, otras en la paredes vaginales, otras en el cérvix -otras incluso en el núcleo tendinoso del perineo y el ano-), que hace que experimente de manera única los estímulos en cada zona.

Sin embargo, todas las mujeres compartimos las mismas rutas nerviosas: el clítoris, las paredes de la vagina y el cérvix están vinculados al cerebro por el nervio pudendo. El cérvix está también conectado al nervio vago. Los orgasmos se transmiten por distintas rutas nerviosas a diferentes zonas del cerebro, desencadenando una respuesta distinta para cada orgasmo. Los tipos de orgasmos son varios y distintos, y tienen consecuencias diferentes en nuestro bienestar.

En la experiencia del orgasmo, las olas de placer pueden ser vivas, intensas y de corta duración y localizadas a la zona pélvica o pueden ser de duración más larga y sentirse más profundamente en todo el cuerpo, aunque su intensidad sea menor. Luego del orgasmo, algunas mujeres reportan ver manchas de colores, un cambio de percepción del mundo exterior, o percibir una conexión entre las cosas anteriormente invisible. El Doctor Janniko Georgiadis, de la Universidad de Groningen en Holanda, encontró que el orgasmo puede llegar a apagar partes del cerebro, en especial el neocórtex frontal, nuestro cerebro racional, generando una alteración en la consciencia.

Pero… ¿cómo podríamos lograr qué tipo de orgasmo tener? Activando los músculos en las distintas zonas erógenas, lo cual permite mejorar la sensibilidad de cada una.

La Doctora Barbara Keesling reconoce que para lograr el orgasmo cervical hay que estimular un punto especial, el punto K, que se esconde detrás del útero. Este órgano descansa en un plano horizontal y se eleva verticalmente para alinearse con la vagina en su respuesta natural durante la excitación avanzada. El responsable muscular de este movimiento es el músculo pubococcígeo. Si es atónico, hay pocas chances para que cumpla con su función, dejando escondida la “zona hot”. La buena noticia es que sucede todo lo contrario cuando el músculo está bien tonificado.

Por último,  vimos que una respuesta muscular espontánea ocurre con el orgasmo. Una mejor tonicidad muscular permite que las pulsaciones se desempeñen de manera más profunda aún, haciendo más placentera, más fuerte la experiencia orgásmica.

Hay casi un sin fin de razones para ponerse a practicar la gimnástica íntima. Pero, ¿cómo empezar? La solución está al alcance de su mano… o mejor dicho, de sus dedos.

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