Músculos pélvicos tónicos al servicio de su placer

Ejercitar los músculos del piso pélvico puede mejorar la sexualidad y prevenir o aliviar muchas de las dolencias sexuales que una gran mayoría de mujeres padecen.

  • Cuando activamos los músculos, una sensación placentera se hace presente en nuestro bajo vientre. Es un cosquilleo. Es similar a esa sensación que nos produce  hamacarnos, o cuando pasamos en el auto  rápido sobre una lomada. En realidad, es la energía sexual que se despierta. Al activarla y activarse, la zona se hace presente en el cerebro. La práctica regular de ejercicios pélvicos ayuda a que se despierte el camino retroactivo entre los genitales y el cerebro haciendo que el deseo se reactive.

 

  • En lo que atañe a la lubricación, el trabajo muscular va a permitir dos cosas: una mejor irrigación sanguínea de la zona y un reconocimiento / aumento de las sensaciones de la vagina, que nos llevará a entender cuándo estamos listas para ser penetradas. Concentrarnos en la sensación nos permite reconocerla y potenciarla.

Es extraordinariamente llamativo que -casi unánimemente- todos expertos consultados concuerden en recomendar el uso de lubricante artificial como respuesta a la sequedad vaginal. Si bien puede ser una ayuda puntual, hay que reconocer que su uso es un poco forzado ya que pasa por alto la respuesta natural del cuerpo. De hecho, si no lubricamos naturalmente es porque no estamos listas para la penetración. Su uso sistemático constituye un hábito dañino para el cuerpo y para la psique. Estudios demostraron que la mujer necesita alrededor de 25 minutos de estímulo continuo para alcanzar la condición óptima para ser penetrada. Una duración tres veces mayor al del hombre. Dar tiempo para que surja la respuesta natural puede evitar a que se recurre a lubricante artificial.

 

  • Ejercitar los músculos facilita la vasodilatación genital. Lo que da lugar a una abundante lubricación y a la congestión sanguínea de los genitales, que resulta en el aumento de tamaño de los mismos. Con una mayor “superficie” expuesta, son más terminaciones nerviosas que pueden brindar sensaciones.

 

  • La vagina es un conducto virtual, es decir, que cuando descansa sus paredes están en contacto y durante la relación sexual se separan para recibir el pene. Son los músculos que la rodean que permiten hacer presión sobre el pene, lo cual produce sabrosas sensaciones para ambos. Cuando los músculos son atónicos, las paredes tienen menos contacto con el pene y menos control de él. Sin embargos músculos tónicos proporcionan un mejor contacto, permiten abrir y cerrar la vagina facilitando la profundidad deseada de la penetración y la estimulación adecuada.

 

  • El miedo al dolor hace que las mujeres sientan todavía más dolor en la relación porque no están relajadas. Los ejercicios permiten mejorar la respuesta muscular y por ende facilitan la relajación de los músculos, permitiendo una relación placentera.

 

  • Para lograr el orgasmo cervical hay que estimular un punto especial, el punto K, que se esconde detrás del útero. Este órgano descansa en un plano horizontal y se eleva verticalmente para alinearse con la vagina en su respuesta natural durante la excitación avanzada. El responsable muscular de este movimiento es el músculo pubococcígeo. Si es atónico, hay pocas chances para que cumpla con su función, dejando escondida la “zona hot”. La buena noticia es que sucede todo lo contrario cuando el músculo está bien tonificado.

    Músculos, órganos, nervios (y el mágico camino hacia nuestro cerebro) están intrínsecamente vinculados. La buena salud del piso pélvico, en especial de los músculos pubococcígeo y puborectal y el esfínter uretral, cumple un rol importante en el deseo, la excitación y el orgasmo, y por ende el bienestar, la creatividad y el poder de decisión… ingredientes imprescindibles de la emancipación.

Deja un comentario