Cuidado del cuerpo y el despertar de la sensualidad

El cuidado consiste también en una buena higiene cual aprendizaje comienza primero en casa. Suele haber una confusión con respecto al concepto de higiene, con el enfoque en limpiar el cuerpo de lo sucio que implica relacionar los genitales con la palabra suciedad.

Cierto es que las zonas genitales, en nuestra anatomía, están ubicadas cerca de o son también zonas de expulsión de los desechos del cuerpo: la orina y las heces, funciones fisiológicas que conocemos muy bien, ya que desde la niñez aprendemos a limpiarnos e  higienizarnos de “lo sucio”.

Pero para un cuidado completo, se deben reconocer también las otras funciones de estas zonas. Para mantener una buena higiene es necesario conocer y reconocer estas partes, lavarlas y tocarlas con las manos limpias pero también conocer su olor, su(s) color(es), su textura, la textura de sus flujos. Además podemos preguntarnos también cómo consideramos los fluidos del cuerpo: la saliva, el sudor, el esperma, los flujos vaginales, la menstruación… ¿están libres de prejuicios?

Para tener un buen cuidado del cuerpo es imprescindible conocerlo. Uno puede leer mucho al respecto, pero el conocimiento base se asienta y reafirma a partir de la identificación de los órganos en la anatomía propia tanto a través de imágenes mentales que de los sentidos. La relación sexual es una experiencia multidimensional, que llama a todos nuestros sentidos: la vista, el olfato, el tacto, el oído y el gusto. Es importante tenerlos en cuenta y desarrollarlos a lo largo de nuestra vida.

Se trata de higienizar nuestro abordaje del cuerpo para contemplarlo en su integridad y no permitir solo el enfoque en lo sucio sino en las partes muy limpias concomitantes. De esta forma, se introduce la noción de respecto a si mismo, del que deriva el respecto a los demás.

Usualmente palpamos los cuerpos de nuestros hijos cuando necesitan cuidado higiénico: al bañarlos, cambiarles el pañal, secarles la cola luego de ir al baño… El  concepto “higienizar” es habitual.

Pero, ¿y el despertar de la sensualidad? ¿El diálogo corporal a través de los sentidos? A parte de la limpieza, ¿cuál es el contacto con la piel? ¿Cómo transmitimos el tacto placentero? Probamos el piel a piel, los masajes? ¿Por qué enseñamos a nuestros hijos que muchas actividades son “sucias”, mientras que ellos las ven placenteras? Como por ejemplo comer con las manos, tocar arena, tierra, masa. ¿Cómo nos expresamos sobre los olores, los gustos? Es interesante observar también cómo los representamos. Por ejemplo la sangre menstrual es comúnmente representada de color azul en las publicidades de toallas femeninas. Parecería que no podemos ver la realidad, tal como es…

Experimentar la realidad del cuerpo a través de los sentidos es fundamental para la futura sexualidad. Abrirnos a nuestro cuerpo, a su gusto, su aroma, sus formas, la textura de su piel y sus propiedades, permitiendo conocer también sus zonas erógenas.

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